martes, 23 de octubre de 2012

LAS CARCELES TAMBIEN SE ENFERMAN


La situación de las prisiones en Colombia es reprochable y lo ha sido así durante décadas. Estas se caracterizan por el hacinamiento, las graves diferencias asistenciales y de servicios públicos, el poderío de la violencia, la extorsión, la corrupción, por último y no menos importante el Derecho a la salud.  Todo esto es motivo de vergüenza, ya que contamos con un Estado que presume proclamar el respeto por los derechos de las personas y su compromiso por los más vulnerables.

Existe un consenso mundial sobre la definición de la salud, la cual debe ser entendida “no como la falta de enfermedad sino como un estado de completo bienestar físico, mental y social que implique el mas alta estado de salud posible” (Derechos Humanos en las cárceles, 2009).

Aunque existen entidades de salud contratadas por el INPEC para cubrir los requerimientos de bienestar que se presenten en las cárceles, es evidente que la obtención de estos servicios es una situación  compleja para las personas que se encuentran en prisión o detención domiciliaría. 

El hacinamiento es una de las características más fuertes a la hora de exponer el problema con los derechos de la salud. Quienes han pasado por la experiencia carcelaria aseguran que el Estado enfrenta este gravísimo problema con pasos muy pequeños y de forma errónea.

Es un derecho ser atendido o atendidas, la falta de medicamentos en las cárceles se ha convertido en una dificultad del día a día,  a la hora que los internos y las internas se enfermen las farmacias no están bien estructuradas ni
Colmadas de medicamentos básicos, para cualquier atención adecuada y oportuna.

En diciembre 2011 defensores de DDHH denuncian: “la inminente negligencia de la fiscalía, que se niega a expedir la resolución de traslado del penitenciario a un centro de atención medica pertinente al caso de salud de José M. Álvarez Tonguino recluido en la PICOTA y solicitado en extradición, que padece de una enfermedad que no ha recibido un trato adecuado y que por solicitud del médico interno, es necesaria la atención especializada urgente debido al estado de descomposición de su axila. El caso de Tonguino, a quien se le está violando su derecho a la salud, no es un fenómeno aislado, varios prisioneros han muerto (…) Es innegable que en las cárceles de Colombia se violan los DD.HH., se da un trato contra la dignidad humana”(Colombia y sus miles de presos, 2011)


Los prisioneros y prisioneras con enfermedades crónicas como el VIH, La hepatitis, la diabetes se ven afectadas por la complejidad de sus formulas medicas, llevándolas así ha que su padecimiento pueda adquirir un rango de dificultad mayor y su “calidad de vida” desmejore en un 100%.

El INPEC, debe asegurarse y cerciorarse de que los requerimientos sobre los Derechos a la Salud no estén por debajo de la calidad en las cárceles, sabiendo así que los prisioneros y prisioneras a la hora de salir a las calles nuevamente, deben encontrarse perfectamente física y sicológicamente para poder emprender en algún trabajo, estudio, etc y continuar con un estilo de vida normalmente.

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